Llegar a Valencia era llegar a casa porque alguien, como José Iniesta, me esperaba. El cansancio aturde pero el abrazo sincero y la sonrisa de acogida de Pepe hicieron que todo esté mal desapareciera.

Valencia se transformó en luz de amistad…caminar hasta el lugar del encuentro acompañado de uno mis poetas preferidos,queridos, me pareció un sueño. Era realidad.

La librería Imperio nos abrió sus puertas. Mamen, una escritora joven, la regenta con ese aplomo de los sabios con esa sonrisa de lo cercano. El barrio de la Rufaza, donde se encuentra es diferente con este espacio donde las letras son abrazos. Agradezco a Mamen su acogida y su disponibilidad en todo momento.

El espacio preparado, con ese olor maravilloso a letra impresa y Jose Iniesta presentándome a los amigos que acudieron a su cita. Paco, Blas. Y entre todos mi amigo Raúl Carbonell, cuánta bondad desprende.
La presencia de Toni Alcolea, el editor, se hizo evidente sobre todo por Loli Lara la responsable de producción de Olé libros que llegó con esa sonrisa de madre…siempre agradeceré a Toni el haber acogido este proyecto de Notas para no esconder la luz y a Loli su siempre estar ahí en la gestación de la criatura.

El acto comenzó con unas palabras de Jose Iniesta. Hizo algo más que una reseña del libro…hizo una creación para mí… así lo dijo: » quisiera crear algo para él desde su escritura, desde este viaje interior…» Y Pepe lo hizo…lo hizo con libertad. ( Aparte colocaré su escrito. Merece la pena disfrutarlo sin el ropaje de mi comentario).

Cuánta luz desprendían las palabras de Iniesta y no por hablar del libro en cuestión que presentábamos, sino por esa verdad con la que él dice las cosas. Oírle es serenar el alma. Y el poeta terminó regalándome otro poema hecho con versos de Notas para no esconder la luz. Qué maravillosa. Cuánta generosidad. Jose Iniesta es tan grande por lo sencillo y tan cercano que uno siente tocar la esencia más humana de lo humano.

El encuentro se desarrolló, después de las palabras de Iniesta, entre preguntas y recitado de versos. Mi resfriado me impedía hablar con normalidad pero no ocultar mi emoción y mi agradecimiento por lo que estaba sucediendo.

No tengo palabras para describir los gestos de los presentes. Las ausencias no cuentan. Siento que no estuvieran algunas personas porque hubieran disfrutado de este trozo de bondad que las palabras de Iniesta crearon y el diálogo de todos la sellaron. Cuánta verdad en este acto.

Desde este momento Valencia es para mí otra ciudad.

Era tarde, bastante tarde cuando Pepe Iniesta y yo bajamos a su casa, en Oliva…No era noche aunque lo fuera.

Oliva, era Llegar a casa. Olor a hogar…por fin ver el granado y la parra, la ventana del mirar cierto, el universo de todos esos poemas con los que Iniesta me había regalado en sus libros.

El descanso, se alargó en el paseo por la orilla herida de un mar transparente. Y se hizo comida con sabor a carne especiada…esa magia del Mediterráneo que me hacía renacer. Oliva, la Oliva de Pepe Iniesta, el amigo.

El tránsito por el mercado entre el color de la huerta y el olor del mar hizo que el gozo de mi estar fuera mayor. El poeta comprando todo lo necesario para hacer una paella era todo un poema. Maravilloso oír el suave vibrar del valenciá en la calle y en la panadería.

Después, el ritual de la paella, junto al granado y la parra en medio de un jardín cerrado que tantos versos ha inspirado. Y cuando todo estaba apunto, en esta liturgia mediterránea, apareció la luz de la casa, Teresa. La Teresa de Pepe Iniesta. Dios, hasta sus silencios son hermosos. La conversación y la comida, fue algo más que un «convivium» fue un «revivium». Por la bondad de mis anfitriones, me encontré- por un momento-, formando parte de su espacio y su hogar. La presencia de Irene y Tomás, sus hijos, sobrevolaba por los rincones de la casa y no solo por el piano y el contrabajo que en alguno de ellos estaba sino por las palabras llenas de ternura del padre que, en muchos momentos, reparte el pan.

Llegué a Valencia a presentar un libro y me encontré, con Pepe Iniesta, en la antesala de un cielo donde la verdad se hizo gesto, luz que envolvía.

Gracias Pepe, Teresa, Irene por prestarme tu habitación. Gracias Blas, Paco, Raúl…Loli, Mamen. Gracias Toni Alcolea porque has hecho que nazca un libro que es más que editarlo. Gracias por provocar tanta chispa de paraíso.

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