Cómo no palpar la brisa
acariciando la piel de las palabras.
Dejar que fluya el verso
sin metáforas, descarnado, directo.

Y el mar ahí, guardando los misterios.

Cómo no descubrirte cerca
en esta forma tuya de responder con gestos.
Sobran las palabras
cuando el abrazo cubre el deseo.

Y el mar, ahí, atrapando la luz.

Cómo no permitir que surja
la sorpresa en los mensajes.
Cada día doblamos el mapa
hasta disolver el tiempo en un instante.

Y el mar, ahí, despejando tus sombras.

Cómo no saborear este momento
que supera el espacio
y hace de cada encuentro un paraíso.
Te desvelas en la ronda nocturna,
más allá del miedo y la mentira.

Y el mar ahí, mágico testigo de tus sueños.

Cómo no descender al fondo de ti
y mirarme donde tú quieres que esté.
No hay límite cuando la vida brinda
el mágico instante de sentirte cerca.

Y el mar, ahí, infinito deshaciendo brumas.

Cómo no reconocer que la vida nos supera
y sorprende en esta perplejidad que nos asalta.
Pero es la paz lo que domina
en este encuentro de iguales.

Y el mar, ahí, solemne,
regalando la belleza de lo eterno.

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