Hoy, en estos terribles momento, solo veo tejados, un mar de tejas, sobre el que saltan, con un eco estridente, el gorjeo de mil pájaros que han tomado la ciudad.

Y en este mar rojiblanco de las casas, que adopta formas diferentes, mi torpe mirada flotando como un pecio, mis emociones, mis insignificantes deseos.

Tardaré en ver el mar, ese lugar de encuentro que , lentamente, se difumina en la nebulosa de este forzado encierro.

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