Bajo el ritmo de los tallos, el baile de [ los días]
toma el centro de mi ser, más allá de los ruidos,
donde la mirada es compasión y perdona las horas.
Por qué no admitir las pruebas que me empujan
a seguir vivo.

Cómo comprender la gravedad
de esas mil razones que mi corazón
no entiende. La fragilidad de esta carne
cambia el canto y moldea la frontera
de este cuerpo hecho agua.

La incertidumbre del cambio
deja atrás la sonrisa de las horas
pero no el empeño de seguir vivo.
Por qué no declarar el sustantivo
del amor que me sorprende.

[ El nombre secreto del agua. Vitruvio. Madrid, 2016]

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