Llegan tiempos donde la coherencia se impondrá. No tendremos miedo a los fracasos, a nuestra fragilidad, a perder, a ser caóticos, despejando o disolviendo nuestras mentiras cronificadas, nuestros egos frustrados. Estos últimos nos pasaran factura pero aceptados serán el abono para crecer. Sin embargo, lo peor es que, al volver a vernos, seguiremos con la desconfianza. Dónde antes dábamos abrazos, aunque digamos echarlos de menos, tendremos el recelo. Haremos un saludo marcando la distancia.

No hay que ser adivino para intuir que, después de esta cuarentena, habrá mucha miseria física. La mental ya la tenemos.  Costará trabajo pensar en cómo salir adelante. Habrá tanta pobreza que hasta andar sera un lujo. Y seguiremos manteniendo el imperativo de sobrevivir, aunque digamos lo contrario.

Sí, es verdad , en esta alarma viral algo estamos aprendido entre miedos e incertidumbres y por eso cuidaremos nuestra forma de actuar dejando un espacio para la emoción, la familia y los amigos, los que de verdad queden. Sin embargo, pasado un tiempo, perderemos la memoria del sufrimiento y volveremos a repetir las mismas estupideces, carentes de humanidad.

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