Los espejos del agua es el último libro de Pedro Villar Sánchez, editado en Olélibros, en la colección Imaginal.

Este alicantino, Pedro Villar, maestro de vocación y de profesión, lleva más de treinta años dedicado al oficio de crear bellas expresiones con las palabras. Ha recibido multitud de premios que le avalan como un poeta maduro. Es en este último libro donde nos muestra este sentido de la lírica bien construido.

La obra, Los espejos del agua, está compuesta por cincuenta y ocho poemas (LVIII). Un conjunto de versos que nos llevan por el complejo mundo de las emociones de un yo lírico que se mantiene niño mientras escribe (I). A medida que se avanza este yo se enlaza con un tú poético, lejano, al que dedica los versos del poemario (III).  Me gustaría no extenderme en mi reflexión, por tanto voy a subrayar algunas cuestiones, a mi entender, importantes:

1) El diálogo yo/tú (aspecto dialógico del libro); 2) lo meta-poético y el escamoteo del yo; 3) el mar, un alter-ego.

1) Después de releer esta obra, considero que está enraizada en una trama dialógica yo/ tú. Este diálogo lírico se deja ver en unos versos magníficos donde la mística de la realidad nos introduce en el misterio de la poética. Nuestro poeta dibuja un yo lírico a la búsqueda:  de silencios rotos, (XV); de la voz en la penumbra, (XXII); de la desnudez del agua (XXXIII). Un yo poético que se aferra, además, a un regresar al agua (XII). Así es, la poética de esta obra se desarrolla en un ir y venir, de la soledad al silencio, mi soledad la del océano,/líquida sombra del silencio/canción de cuna que el mar teje (XXX).
En esta visión de lo diológico importa señalar que que este yo poético, que nos conduce por el laberinto de las emociones, no soporta la lejanía del tú. La distancia supone el desagarro (LII). Para el poeta lo natural es navegar en la mirada de lo amado, perderse en sus ojos hasta descubrir el mar dentro de sí.

2) Este dialogo lírico del yo/ tú, que hila la trama de los poemas, se rompe en cada trecho de la obra con un escamoteo del yo. Este ocultamiento del yo lírico, propio de la poética del silencio, describe aquí la realidad emocional, generalmente meta-poética, referidas: por un lado, a las palabras que se construyen en las sombras (VI), a la palabra como conjuro (XXIX). Por otro, haciendo relación al mar de Homero, un clásico al que nuestro autor le hace algunos guiños (IX); al mar que oye el llanto devuelto por las olas(XXVII); a ese mar que divide en dos el universo/ … alza la voz en las tormentas, / proclama la distancia/ del corazón a los sueños/ y denuncia las palabras huecas /como caparazones abandonados (XVII).

La desaparición del yo sirve, también, para hablarnos de la luz que viaja en el espacio (XXIII) o que se refleja en el agua (XLIII). Y lo más interesante, el ocultamiento de la primera persona que nos lleva al ser que busca la redondez para eternizarse (XXV); conduce al dolor después de sentir ese miedo/ de palabras vacías, /con el desgarro/ de la sombra que acecha/, por lo que es preciso incendiar la noche, / desnudar la esperanza/ como luz de un farero / y amarrarse a una roca como el que ama una herida/ para al final conjurar / el dolor de estar vivo.  (XLV).

Lo meta poético, en definitiva, sirve a Pedro Villar para indicar que el verso es como un abismo, / como un murmullo de sombras, / una interrogación, una herida, / jardín secreto, laberinto; para terminar, describiendo el poema como la última certeza posible, la última claridad (XLII).

3) Un último apunte. En esta obra el mar se convierte alter ego, a solas con el mar soy agua,( XXXII ) para expresar el misterio de las imágenes (VII) y el silencio de lo infinito.
Del mar se hace veintinueve referencias en toda la obra, además de su sinónimo el océano. En el inicio de la obra se lanza este «espero descubrir el mar...(I) para más adelante subrayar con emoción «descubro el mar dentro de ti» (LI).

Las expresiones que contextualizan el mar son bellísimas. En algunas de estas los verbos están en acción y en presente , como: contemplo el mar desde los faros (XI) o amo el mar en las velas// amo el mar de todos los puertos (XVI), amo el mar/ lo proclamo (XXIV).

Termino mi reflexión. Los espejos del agua es una obra esencial, un libro bien construido, un referente. Enhorabuena al escritor Pedro Villar por aportar este trabajo y de esta forma enriquecer la lírica del panorama nacional. Felicidades a Toni Alcolea por editar este poemario.

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