Nada permanece, nada, aunque la nostalgia vuelva / con el perfume añejo del pasado y acorte el indeleble trecho / del presente. Nada permanece en este hálito vital / que se resiste a sucumbir bajo los días de esta historia / solemne del agua.

***

Sigo mudo en esta fragilidad
del misterio que me circunda.
Los verbos resisten entre aguas interiores.
Ruedan ebrios de limo.

Quiero regresar al lugar del sueño,
sin alas.
Impulso que busca, en el espejo del agua,
versos prohibidos.

Se oculta el poema en el aliento de las palabras.
Y las estrofas, cantos rodados,
se pegan al ser del verbo,
con el anhelo de darle nombre al agua.

[El nombre secreto del agua, págs 55/ 62. Vitruvio. Madrid, 2016]
Faustino Lobato

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