Hace unos días mi amiga Carmen Salas Del Río, una excelente poeta granadina, me ha regalado una obra, Amaría, de otro no menos excelente poeta, Javier Gilabert. Este puso un punto de amabilidad dedicándome el libro.El ejemplar regalado es el número 67, de los 100 de la primera edición.

A Javier lo he conocido a través de las redes sociales que, independiente de sus perversiones, tiene bondades como ésta, la de fomentar la amistad. En el caso de Javier, este ser su amigo de Facebook se acentuó por el común interés de la poesía.  De Gilabert leí una obra suya En los estantes.  Magnífico libro que me honra tener en mi biblioteca con otros grandes poetas.

Volviendo a la obra,  Amaría, voy a comentar algunos aspectos que me resultan curiosos de su esquema y por supuesto, del contenido. Después de releerla descubro que el continente, los elementos formales del libro, se vuelven contenido, es decir la envolvente esquemática se funde con el mensaje de la obra haciéndola muy particular. Nada está colocado al azar.

       Empiezo por mirar   el índice del libro, dividido en cinco apartados: AMAR, MARÍA, ARIA, AMARÍA, CODA. Un esquema interesante porque de sus cinco apartados, todos ellos dirigidos a la amada, dos llevan el título de elementos musicales: Aria y Coda. Curioso como se intercalan estos capítulos , no sé si intencionadamente, con los otros, Amar y AMaría. Lo cierto es que estos registros musicales tienen un sentido en sí que a nuestro poeta parecen  sirvirles para expresar, de forma excelente, su sentimiento por María, su mujer.

ARIA, se dice de la melodía expresada en la opera por una sola voz. Así es, una sola voz la del poeta que, en diez poemas, apunta hacia el sentido profundo del amor. Un amor que siente la ausencia porque la presencia “adquiere, el hueco azul, …/ocupando tu espacio en la garganta.” Es la única voz, la del bardo, que apunta a la mirada en un contexto materno, el de la luna, y místico, con la noche. Y es en esta aria donde el cantor de versos dice echar de menos el “mirar…un poco con [sus] ojos”. Sí, la voz única de los poemas con anáforas, recurre al mirar y al ver, unos gestos de intensidades diferentes donde los ojos ocupan un lugar principal y se enfrentán al tiempo para robarle la mirada y decir así que- “podría verte siempre que quisiera.” Es el aria, el aire, que hace silencio para destacar cuando la amada no está que el [recuerdo se enreda] “entre [sus] piernas”. Un aria en la que la claridad termina nutriendo de luz las mañanas, hasta [fundirse]“en la pupila con tu imagen”.

CODA se define como aquella parte que se añade a la obra musical repitiendo los motivos más agradables. Así es, con esta parte, así titulada termina la obra. Un apendice necesario que alarga el tema del amor con un maravilloso soneto con tintes místicos: ME NACE EN TI EL AMOR Y ME TRASPASA.

Las otras partes tiene un sentido lógico: la primera, titulada AMAR, subraya el infinitivo de la acción que trata. Y la otra, Amaría viene a ser el juego de dos palabras bien para señalar una dedicatoria o para apuntalar el condicional del verbo amar. 

-En el apartado AMAR el poeta trata de dar una definición, con cuatro poemas, de esta realidad del amor del que [solo sabe lo que la amada le ha enseñado].

-En Amaría, se desarrolla la acción misma del amor. En este apartado central nuestro autor resuelve, con diez poemas, el hecho de refugiarse y resguardarse en la anatomía y en las caricias de la amada. En estos actos el abandono está presente como una perfecta vertical “en cada pliegue de una piel que es mía…”. Un maravilloso capítulo donde la naturaleza coteja la verdad de los versos con una imagen la del almendro en flor denotando “[la presencia de la amada] en la casa”.

En este singular esquema de la obra no quiero pasar por alto las citas que nuestro poeta escoge de manera exquisita: El poemario lo introduce con unos versos de la filósofa francesa Simone Weil, alguien de un compromiso excepcional con los otros: En ella se señala que [reconocemos la existencia de los que amamos]. Y es así, el poeta con esta obra reconoce la esencia de la amada, más allá de cualquier definición, porque su presencia con “un beso es suficiente”.

Cita a poetas granadinos, como:  Juan Carlos Friebe, vinculado a la música. Las expresiones de este poeta  abren el apartado AMAR señalando a la herida que deja el amor; por otro lado, está Rafael Guillen, otro poeta granadino de la generación de los 50, abriendo el apartado de ARIA, unos versos que hablan de lo imprevisible del amor capaz de curar la desolación.

No podía faltar la esencia del romanticismo de G. Adolfo Bécquer (MARÍA) o la mística amatoria de Juan Ramón Jiménez (CODA). Unos maravillosos versos.

De interés la cita de una seguidilla con tintes lorquianos, de nuestro poeta que abre el capítulo principal de Amaría: A la luz de la luna/baila el olivo. / Te susurro: mi niña/baila conmigo.

Felicito a Javier Gilabert por esta creación, editada en Cuadernos Montevives. Esta obra es un gesto creativo de excelencia que resalta el amor en su más alta expresión; un canto, una aria, que otros podemos apreciar desde la generosidad del poeta que nos la entrega. 

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