La luz se vuelve gesto del verso,
revela la otra cara de lo real,
embarcándonos en la certidumbre
que rompe las apariencias;
se convierte en voz del alma
que evita el ciego desespero de la huida.
La luz, huella de la mirada eterna
que devuelve las sombras a la noche,
donde te sueño, como si fueras un instante.
Siempre la luz, perpetuamente la luz,
a pesar de las sombras que creen rechazarla.
En este atardecer, la incipiente oscuridad marca el silencio,
donde el soplo de tu recuerdo se revela como una utopía.

[Rompiendo apariencias.Notas para no esconder la luz. Olé libros, Valencia 2019, pág. 67]

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