Llegas despacio,
entre la hojarasca del dolor.
En las sombras,
te alimentas del silencio.

Estás en la frontera de mi piel,
ahí, donde las manos
guardan
el sabor líquido de tu caricia.

Ardes sin abrasarme.
Cómo sofocar
este incendio de la voz
que te nombra.

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