Rosa María Marcillas Piquer nos entrega un nuevo libro, Más allá de la piel. Esta vez solo con su voz poética. Nos lo regala un 8 de marzo –día de la mujer- a través de la Editorial Abismos del Suroeste.

Rosa María Marcillas, una maestra de Barcelona ubicada en Alicante, nos deja en esta obra dos poemas que son el sello de su existencia vital, los lugares en los que ha ido formando su piel[1]. Por un lado, el guiño a su ciudad natal –Barcelona- lo hace con un poema, La Font de Sant Just , donde –dice- que el agua devuelve la memoria/ tan líquida // aquel  instante / sobre la misma piel/ para siempre/ hundiéndose en la vida[2]. El segundo poema, con el que cierra su libro, nos lleva a Lucentum [3](Alicante) lugar  en el que nuestra poeta encuentra las “playas que susurran nuestra suerte/ en el vaivén eterno de sus aguas.”

El título, Más allá de la piel, aparece en un poema[4]   que nos da idea de la obra y de cómo ésta entronca con el silencio, con lo inabarcable donde la palabra…consigue enmudecer.  La expresión nos conduce, como lectores, a lo más íntimo de cada uno de nosotros; allí, el dolor o la soledad aguardan la brisa de la reflexión madura, como la de este libro.

La obra, con prólogo de Pedro Villar Sánchez[5] y unos  poemas introductorios[6], se estructura en tres capítulos que nos invitan a mirar el contexto de esta aventura donde el verso nace de lo profundo, del dolor [7].

En los tres primeros poemas, estos que forman el frontispicio del libro, nuestra autora  siente que la escritura es una necesidad vital, un acto de valentía porque hay que tener agallas  para hurgar en el laberinto del alma[8].

Después, en cada una de las tres partes, con cuarenta y un poemas muchos de ellos en perfectos endecasílabos, Rosa nos introduce en la poética de la piel[9].  Los tres capítulos se enlazan entre sí con la luz y el silencio.  Vivir a oscuras es vivir a ciegas[10].

En el primer capítulo, Que entre la luz[11], con una cita cabecera de Leopoldo Panero[12], el vocablo piel[13] se convierte en el hilo conductor de su reflexión. Así:  Es el color de la piel junto a la que –comenta- aprendimos a amar [14]. La misma  piel que los recuerdos  apenas rozan[15] ; la que soporta la caricia de la mirada[16], esa caricia que, como un arrullo[17], es capaz de mantener la espera de lo amado en un cuerpo exhausto[18]y seguir anhelando la piel amada con la suavidad de la brisa[19]. El imaginario de la piel, en nuestra autora, se transforma aquí en una visión mágica que hace de la piel el hábitat principal no sólo del tacto sino de otros  sentidos al ser capaz de detectar el sencillo aroma de un pétalo[20].

La palabra piel, repetida once veces en este primer capítulo, lejos de estorbar se convierte en una ayuda para el lector. Con este vocablo la autora nos descubre además de la realidad emocional -física de las personas, la sensibilidad existencial de los mortales ávidos de cercanía, también su sentido social descubriendo como en la piel de las ciudades [se] exhibe el temblor de [su] la historia[21].

En el segundo capítulo, En los arcenes[22], con una magnifica cita de Karmelo C Iribarren[23], la piel se transforma en referencia[24] para escribir sobre el sentido profundo de la existencia que se agita[25] e intuye que hay algo que se esconde más allá de la piel[26]. Es la vida misma la que se acerca a la piel desnuda que acoge la luz de septiembre, y se deja envolver por el reflejo de la luna , la conciencia de lo efímero capaz de erizar la piel [27]. Sí, aquí en esta parte del libro la idea de la piel se convierte en lugar donde se encuentra la conciencia[28] y el deseo[29].

En el capítulo se atisba una visión de lo femenino, que Rosa parece indicarnos, pertenece -más allá del concepto de género- al sentir humano. Por esto mismo, en nuestra piel –en la de todos-llevamos los besos /escritos en las noches más remotas[30], los que mudaron nuestra piel.

El último capítulo, Las grietas del silencio, esta vez con una cita de Pedro Villar[31], nuestra poeta nos sitúa ante la clave primordial de su obra al subrayar que todo está más allá de la piel [Pellis][32] porque allí está la residencia  del silencio[33], el lugar inabarcable donde la palabra [enmudece][34]; un lugar –la piel- para quedarse[35] porque da la vida.

En esta parte final aparecen, contextualizando la imagen de la piel, otras ideas icónicas, como palabra[36], mar[37], miedo, perdón [38] . Por espacio no profundizamos en ellas, aunque sí merece indicar el sentido que nuestra poeta le da al término palabra. Este nos ayuda a profundizar en el significado -más que sensual- del poemario. Para Rosa María, las palabras tienen una gran importancia en nuestro mundo real, perderlas es “como quedarse [huérfanos][39] . Son las palabras las que nos devuelven a la existencia. Somos cuando nos nombran[40] o cuando las palabras huyen[41].  Para Rosa, y así lo indica en estos últimos versos, la palabra es sacudida, aliento, ausencia de lo que no se dijo[42].

Punto y final

Con este libro Rosa María Marcillas nos muestra una voz profunda, íntima y vital,[43]. Es de agradecer este desnudarse de nuestra poeta en sus versos, de magnifica factura literaria; o en la prosa poética, con texturas filosóficas, que nos invitan amablemente a mirarnos y a dejarnos seducir por la escritura poética.

    Badajoz, Jueves Santo de 2021, todavía en la pandemia.

Para descargar el libro pinchar aquí:

https://drive.google.com/file/d/19nXzRFDK1AgOahw2l53uh90Oirvv9CYi/view


[1] Ver, pág. 27 y pág 75

[2] La font de Sant Just, pág. 27

[3] Lucentum, pág 75

[4] Ver pág. 60

[5] Pedro Villlar ha sido la voz poética que ha acompañado a la Pellicer en obras recientes, como Doscientos haikus de amor y una canción encadenada (Olé libros).

[6] El verso; El hechizo; Un poema son el frontispicio de la obra.

[7] El verso, pág. 10

[8] Ver pág. 11

[9] Ver Ioana Gruia., Profesora de la Universidad de Granada, que analiza esta poética [file:///C:/Users/lotin/Downloads/Dialnet-PoeticaDeLaPiel-6123112.pdf]

[10] Pág. 17

[11] Pág. 14

[12] El poema sale de los pozos del alma.

[13] Esta palabra aparece en siete poemas y trece versos

[14]  [Enigma] pág. 23

[15] [Recuerdos] pág. 25

[16] [Ella] pág. 31

[17] Pág. 26

[18] Pág. 32

[19] [Amanece] pág. 33

[20] [Eres sin ser] pág. 38

[21] [Ecos] pág. 35

[22] De la página 45 a la 57

[23] Alguien dijo /que era el musgo que le sale al alma/ cuando no deja de llover sobre la ausencia.

[24] Aparece en nueve versos de siete poemas.

[25] [Se agita] pág. 46

[26] Ídem

[27] [la noche] pág. 49

[28] [A oscuras] pág. 52

[29] [A veces] pág. 55

[30] [Besos] pág. 56

[31] Desde el silencio busco/ la desnudez del agua/la soledad del mar/el corazón sin rostro de los hombres.

[32] [Pellis] pág. 59

[33] [Más allá de la piel] pág. 60

[34] Ídem.

[35] [Quédate] pág. 61

[36] [Palabras] pág. 63. En otros lugares aparece el vocablo, ver págs. 11/12/17/29/30

[37] [El mar] pág. 66. Otros lugares en los que aparece este vocablo son en las págs. [I] 26/33//34/41/43; [II]47/50/52/54; [III] 66/67/75.

[38] Entre otras, la soledad y el silencio.

[39] Pág. 31

[40] [Eres sin ser] pág. 38

[41] [Enmudecido] pág. 73

[42] Pág. 63

[43]  Pedro Villar Sánchez. Prólogo, Pág. 6

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