Y se quedarán los pájaros cantando, es el último libro de Antonio Castro editado por Olé Libros ( Valencia, 2024). Un libro que considero la obra madura de un autor consagrado a la escritura desde hace más de 24 años. Importa saber que Antonio sigue una máxima: «La vida te da razones para escribir; la escritura te da motivos para vivir”. Esta máxima la amplía en este libro con otras expresiones “llevo tantos poemas en mitad de la sangre, cuántos rayos de luz sin nombre todavía.”

1.CONTINENTE DEL LIBRO
En esta obra llama la atención su envoltorio: las ilustraciones de María Pirez y el QR en una de las primeras páginas, realizado por Alejandro Huyro. Estos conforman algo más que una estética. Cada uno es útil para estructurar el contenido y para incluir al colectivo de invidentes.
2.CONTENIDO DEL LIBRO
El título
El título está tomado de los versos de Juan Ramón Jiménez: “… Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol/verde, sin pozo blanco, /sin cielo azul y plácido…/Y se quedarán los pájaros cantando.” Antonio, los reinterpreta en uno de sus poemas[1] escribiendo: “Reconforta saber que detrás de nosotros, /más allá del final/que tenaz nos persigue/ (que ciegos perseguimos),/se quedarán los pájaros cantando.”
Los inter-textos
Llama la atención una serie de citas que introducen cada uno de los ocho apartados en los que se divide el libro. Junto a estos versos cabecera se encuentran las magníficas ilustraciones de María Pírez Carrasco. Más allá de una razón estética, estas citas minuciosamente escogidas, nos sitúan ante la propuesta de nuestro autor. Ellas, a paso, texto a texto, nos llevan de la mano hacia los puntos esenciales de la obra, a las preocupaciones que el autor explicita y que, como ante un espejo, quiere que el lector se mire.
Los autores de os inter texto son: Jesús Munarriz; Federico García Lorca; Antonio Machado; Rabindranath Tagore; Edgar Allan Poe; Manuel Alcántara; Fray Luis de León; Juan Ramón Jiménez.

Del relato al meta relato
En este libro, el relato poético apunta a temas esenciales que nos abren al núcleo esencial de la obra: El tiempo, la memoria, la soledad, y la existencia. Estos temas, desarrollados atreves de los versos, nos llevan a un meta-relato poético que va más allá de la propia obra. Y digo núcleo esencial desde el aspecto más filosófico y profundo de la palabra esencia, es decir, aquello que constituye la naturaleza de la realidad, lo que permanece, lo que no es accidental. Estos elementos son importes por ello.
No hay que olvidar otros materiales del libro que también nos llevan al meta relato, estos son los aforismos. Con la presencia de estos en la obra aseveramos que este libro no es solo un libro de poemas sino también un libro de reflexión. Los aforismos saltan por los rincones de la obra. En algunos poemas aparecen unos versos en forma de breves sentencias que expresan una verdad. Cito algunos: “Todo final es un comienzo/ una puerta que se abre a lo desconocido[2]”; “Pertenecer a todo, pero ser uno mismo[3]«; “Tras el telón que baja/seguirá la tragedia/ cotidiana del mundo[4]”. Hay muchos más aforismos[5] pero no me voy a detener en ellos. Esto sería material para una conferencia con el autor. Sugiero buscarlos y disfrutar con ellos. Aquí los cito para constatar ese tono esencial y reflexivo que la obra tiene y que en realidad forman parte del ADN literario de Antonio Castro, para mí un hombre sabio, un auténtico humanista.

Me centro en los temas del contenido arriba citados: El tiempo, la soledad, la existencia y los gestos.
Así, en los referidos al tiempo, el autor se pregunta por él[6] lo cuestiona en relación a la palabra: ¿Acaso la palabra/ puede dar explicación de su esencia, / su alcance, su medida? En estos versos, Antonio Castro, plantea la paradoja de la finitud en lo infinito, “saber/que apenas seré un punto imperceptible /de su dimensión eterna.” Por otro lado, en el poema VI el yo lírico da la sensación que lo finito es sinónimo de la muerte. Advierto que otros lugares del libro hay una predisposición a mirar de frente la muerte. Con este poema subrayo aquello que tiene que ver con la preocupación del tiempo que pasa (tempus fugit) trayendo a la reflexión los versos de Virgilio[7] en sus Geórgicas.
Lo cierto es que el tiempo expresado en este libro, es algo más que un contar minutos y horas, es un tiempo que está por encima de lo cronológico, porque, dice el poeta, “Ni siquiera la vida es medida de nada. //Tan solo la memoria con su alma de pájaro, /de árbol o de ola //puede dar testimonio de mi paso, /mi tiempo// que se funde con el tiempo.”
Otro gran elemento es la soledad, la vespertina/soledad / de arcilla y lumbre, /cuando ya todo es frágil, /cuando dejar de ser[8]donde nuestro autor nos sitúa ante la particular sensación del abandono en un contexto nocturno y de silencio. Aquí, la soledad aparece de forma patente. Por otro lado, curiosamente, el marco que lo envuelve es de renacimiento en las tardes de la primavera. Todo sucede en mayo. En otros poemas la soledad[9] está sin adjetivos es, netamente lo que es, y Antonio Castro lo sitúa en el contexto lírico del abandono y de la codicia estéril. También la sitúa en el centro del sentimiento puro, donde el corazón sabe[10]… de la tristeza, /del llanto encarcelado, del amor y las lágrimas, /… de la guerra, la miseria y el hambre.”

Los aspectos anteriores nos llevan a contemplar la existencia, más allá de la preocupación del tiempo y la muerte. La existencia como realidad cercana en la que la amada[11] toma un especial protagonismo y que por ser así los términos se vuelven universales. El amor, aunque subjetivo, pertenece a la esencia vital de lo humano, al ser ahí[12]. Así lo expresa nuestro autor: Contemplo los ojos que tantas veces/he mirado, su destello, su luz, /el amor guarecido tras los párpados, /las manos con que poda/los geranios con mimosa destreza, /el jazmín, las hortensias, /el gesto involuntario de su cuello/al apartar los rizos de la frente, /la sonrisa que cae/como rocío sobre los parterres.
Versos de amor contoques existenciales y vitales porque es la vida lo que mantiene a este yo lírico que contempla.
Este elemento de lo afectivo se asocia a la contemplación de la realidad como el suelo de lo vital y de la existencia. Una vida/ existencia, en otros versos, cuestionada: ¿Qué lugar necesita/la vida para ser un rincón habitable?[13] , naturaleza en el decir que esta es: “mar, dehesa en primavera, /arrecife y encina que sabe del otoño”[14]. Porque, sin lugar a dudas, la vida/ existencia es la que, para nuestro poeta, “busca a veces un refugio/por detrás de la máscara”.
En esta obra, también es importante subrayar los gestos, como la sonrisa/ la espera / la presencia/ observación. Estos nos acercan al alma del autor. No hay espacio para escribir mucho sobre ello por eso me limito a dar unas notas de cada uno de ellos, observados en algunos de los poemas.
Se cuestiona nuestro autor si la sonrisa concede esperanza y otorga explicación a las dudas. “Una blanca sonrisa/poblada de dulzura, como hierba de marzo, /ingenua, fresca y libre/a la deriva, franca, con el don de la luz/como regalo propio, /dadivosa de sol entre sus labios, /sembrando la mañana de alegría, /regalando futuro a cada paso/sin más obligación/que su propia hermosura.”[15] Aquí los adjetivos, gerundios y comparaciones en el contexto de esta palabra dan una tonalidad relevante al gesto. La sonrisa aparece en otros poemas siendo una expresión a tener en cuenta sobre todo cuando la observa en la amada, como arriba indico: una “sonrisa que cae/ como rocío sobre los parterres[16].
Otro de los gestos, el de la espera ante el regreso, lo encontramos en el en el poema XXI[17], donde los pájaros están volviendo (haciendo un guiño a Becker). “Vuelven las golondrinas, añorando balcones/donde colgar sus miedos”. Los versos finales del poema apuntan a la contradicción y al desasosiego: Tornan todas las aves/como la sangre torna sumisa al corazón.// Pero tú no regresas.
La señal de la presencia que evita la zozobra la encontramos en el apartado VI[18]. En los versos del poema inicial aparecen unas anáforas adverbiales de tiempo con la implícita presencia del yo lirico y que, machaconamente, hablan de un estado de ánimo lleno de miedos, de dudas, de zozobras, como las de un náufrago. “Cuando todo parece tristemente agotado…//Cuando cualquier deseo… //Cuando la infinitud se me muestra…” Y para rematar, en los versos finales se observa cómo las preocupaciones desaparecen ante el mensaje de una presencia que provoca y en el que el yo poético trata de “luchar muriendo/ nadar soñando/ para seguir con vida.” Tremendo estos gerundios.

El hecho de observar, en este libro, es sinónimo de contemplación. Este elemento aparece especialmente al final de la obra[19] donde los poemas subrayan el ser palabra y en el que aparece el otoño. Justo en este capítulo, la observación lleva a descubrir la tensión paradójica entre la fortaleza (del roble) y la fragilidad (de la hoja que cae en otoño), como encontramos en algunos de los versos del poema XXXII[20]. El yo lirico comprende la finitud “observando el temblor/ de la última hoja del roble en este otoño/que enreda sus cabellos en el valle.” Lo paradójico es una realidad con la que Antonio Castro juega y que, en este lugar, es parte de la reflexión, actitud que se remarca en toda la obra.
El libro sorprende por la forma de sentir y de expresar de nuestro autor. Quienes se acerquen a esta obra tienen garantizada la reflexión y a través de ella la sorpresa de la búsqueda interior. Esta obra, repito, va más allá del género poético. Viene a colación las palabras de Abelardo Castillo, uno de los grandes escritores de Argentina, que decía: “La poesía no es una manera de escribir, es más bien un modo de vivir, de percibir el mundo«[21] y esto es lo que ha hecho Antonio Castro mostrarnos cómo percibir el mundo.
[1] Pág. 74
[2] pág. 27
[3] pág. 79
[4] pág. 92
[5] En las págs.: 29; 39; 45; 64; 83
[6] Poema VI, cp. II, pág. 27
[7] “Sed fugit interea fugit irreparabile tempus”. Virgilio, Georgicae, III,284
[8] Poema XIV, c. IV, pág. 46-7
[9] Pág. 67
[10] Poema I, Pág. 8
[11] Poema XXVI, cap. VI, pág. 74
[12] Dasein, Heidegger
[13] Pág. 91
[14] Pág. 92
[15] Poema XI, pág. 38
[16] Poema XXVI, pág. 74
[17] Pág.63
[18] Págs. 67-69
[19] Capítulo VIII, págs. 85-87
[20] Pág. 89
[21] Poesía y prosa, 10 de junio de 2017.