La amistad es algo que nos hace vivir el presente. No importa el tiempo que tardemos en ver a los amigos, el afecto no se diluye. No existe distancia, aunque realmente las haya.
Esto es lo que ocurrió con Javier Ramiro, mi amigo, a quien aprecio y admiro. Sucedió esa vivencia del instante, del Kairós, esa certeza de vivir el presente y disfrutarlo.
Javier, se encargaba de dirigir el evento en Don Benito. Magnifico y mágico encuentro que sucedió el miércoles 28 de mayo.

En el encuentro previo fue una conversación distendida para ponernos al día. El momento lo marcaron, además de las palabras, los silencios y las risas.

A Javier le llevé todo los libros que había producido durante este tiempo que no habíamos mantenido contacto. Esta era una forma de entregar al amigo los sueños y paisajes vividos. En cada uno de los libros que le regalaba hay, sin poder evitarlo, un poco de la persona del autor. En este caso, así sucedía.

Hablamos del libro que presentábamos: Donde el alma ignora, (Olé libros, Valencia, 2025),de su contenido, de las sorpresas vividas con su lectura. para Javier era el mejor libro de los que había escrito y él conocía.

¡Qué alegría poder departir experiencias!


La librería Rotrec and Letres había preparado el evento durante meses. Y eso dio su fruto.



Dentro nos esperaban Octavio y Lauren dos compañeros de Javier. Esta fue la sorpresa. Iban a tocar en el evento.



Octavio y Lauren dieron un autentico recital. Crearon un ambienté maravilloso antes, durante y después de las intervenciones.




Antes de la intervención de Javier, Hugo, un alumno suyo recitó un poema. Magnifico. Mientras recitaba Octavio, con su violín y Lauren, con su guitarra, mantenían el ambiente.

Después, Javier expuso con amplitud mi biografía. Cuando terminó quise recitar algunos poemas para argumentar lo que antes había dicho Javier sobre el contenido.


Se habló de ese articular los poemas con los versos finales. Para mí había sido interesante descubrir esta forma de trabajar con lo que he llamado la técnica del verso y seguido. Recité el 15 y el 16 del primer capítulo, ÉXODO.
15
POR los muros del hospital
la luz marca
las líneas rectas de sus ventanales.
El universo comienza a vibrar, sin prisas.
Todo empieza de nuevo,
como si antes no hubiera existido nada,
ligero, como la brisa
que se cuela por la ventana.
El chillido de los vencejos ha cesado.
Comienza el murmullo
de una breve liturgia.
Médicos, como guardianes,
que preguntan y sonríen;
cuidadores que cambian sábanas
llenas de sueños y dolores;
limpiadoras que arrastran la modorra
y la suciedad.
Los vencejos alimentan las crías
bajo los aleros.
Todo, al compás
de un mecanismo engrasado.
Y en este ritmo,
de monocordes alternancias,
siento cómo se ordenan
las palabras;
en la ingravidez de las estrofas,
la música.
En esta belleza de la espera
estás cerca,
me salvas.
16
ME salvas
de este vivir al revés,
de este pronunciar lo contrario.
Salvas la casa y sus espejos,
donde crecer es una aspiración.
Tú estás en el lugar oportuno,
respondes con brazo fuerte
a la adversidad que sobreviene.
Me salvas, en medio de los desiertos
y en el fragor de la tormenta.
Vienes en mi ayuda,
aunque no pronuncie tu nombre.

Del segundo capitulo SONIDOS recité especialmente por petición el poema 36.
36
Hoy me han dicho
que la casa de mis padres,
donde crecí,
servirá para el derribo.
La casa de mis padres
todavía huele
a pan y a sonrisa,
a llanto contenido,
a esperanza,
a miradas y a silencios.
¿Quién sofocará este olor?
La casa de mis padres
está cerrada
pero no vacía
de amores vividos,
de abrazos
y sencillas palabras.
¿Cómo apagar tanto fuego?
La casa de mis padres tiene
la sombra de la pérdida
y la alegría del encuentro;
la sentencia del estorbo,
el peso del desahucio
los días contados para el derribo.
¿Quién levantará la pala del arrastre?
La casa de mis padres
desde donde miraba
la lluvia del otoño
y sentía el vértigo
de la gente, su indiscreto
hablar transeúnte.
¿Cómo acallar el recuerdo?
La casa de mis padres,
el espacio
donde escribí Las siete vidas del gato,
y soñé futuros inciertos.
Refugio
de males.
¿Quién borrará la huella del verso?
La casa de mis padres
es un poema
unos versos que amortiguan
la tristeza de saberme
morir y viviendo.
La casa de mis padres.

Del tercer capítulo TEMBLOR recité la prosa poética con la que se introduce al capítulo:
[La apertura es lo descarnado de la piel expuestaa la herida y al ultraje]
Emmanuel Levinas.
Estar cerca de los otros es abrir la puerta de lo que duele y sorprende; es entender aquello que marca distancias o espeja la fragilidad. Los otros están en la frontera de los sueños, a veces en el sueño. El otro, mi hijo, mi mujer, mis hermanos, mis amigos me mantienen en la esperanza y me empujan a
mirar dentro.
Los otros me abren a la existencia; a la vida, más allá de la caricia espontánea; a la existencia, por encima de las palabras. Los otros son el norte.
En el otro, vislumbro el misterio de lo extraño; lo cerca no por descubrir; el temblor de historias mínimas.





Octavio y Lauren tocaron una pieza final, la de «Lascia la spina, cogli la rosa Lascia la spina. Tu vai cercando Il tuo dolor» de la opera Il trionfo del tempo e del desengano de F.Hendel.

Las firmas finales fueron un autentico encuentro con las personas que estuvieron en el acto. Un autentico lujo.









En la foto final, de izquierda a derecha, Javier Ramiro, Manuel (director de Rotrec& Letres), el que suscribe, Octavio y Lauren.

Gracias a cada uno. A Javier por estar ahí, siempre atento. Por sus palabras, por su tiempo; a Manuel de R&L por la invitación a su magnífico espacio, por su acogida; a Octavio y Lauren por poner música al acto, por darle color musical a cada momento donde la palabra escrita se transformaba en voz. Gracias.
Fotografías: Alejandro Huyro www.cerebro-creativo.com
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