( A Concha, esposa, madre, abuela y hermana. In memoria.)
En este momento de travesía
donde la mañana duele
y la tarde se retrasa,
la luz de tu presencia trae el eco
de tu Paraíso deseado.
Que no hay dolor,
aunque nos duela tu partida,
sino paz, en este tránsito
obligado y necesario.
Te vas sin hacer ruido, pero te quedas
en la oración, sencilla y solemne,
de los que te queremos;
en las palabras de recuerdo
de los que te nombramos.
¿Cómo no sentir el fuego de tu fe?
En este momento de parto,
de tu ir otro lado,
la incertidumbre da paso
al consuelo que espanta la tristeza.
Que nos dejas el calor de tu ser esposa
y madre, hermana y amiga,
hasta el último momento
en la firme resistencia de vivir.
Te vas sin hacer ruido, pero te quedas
en la caricia, en el oportuno consejo,
impresos en la piel
y en lo más profundo, de aquellos
que contigo han vivido
y te seguirán amando.
¿Cómo olvidar todo lo que has sembrado?
En este instante donde el tiempo
se detiene,
y la memoria nos envuelve,
la palabra se hace verso, poema,
con el color de tu presencia.
Que de ti solo hay huellas
de amor perdonándolo todo,
estela de sonrisas,
siempre, un regalo.
Te vas sin hacer ruido, pero te quedas
como ser de luz en el íntimo hueco
de tu marido, de tus hijos, de tus hermanos
y de todos tus amigos, sabiendo que vives,
en este desatar la línea de la muerte,
con cuidado.
¿Cómo no pensar en ti, que sigues viva,
y a nuestro lado?
