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Jose Manuel Martín Portales es un gran escritor vive en Atalaya, cerca de Zafra. Un lugar donde escribe y ama. Sabiendo de su acertado tacto para la escritura pensé que era el candidato perfecto para que me acompañara en la presentación de Donde el alma ignora. Así que, un día después de recibir los libros de la editorial, lo llamé para ver su disponibilidad. Efectivamente accedió a presentar o mejor a dialogar en el espacio de la librería la Industrial de Zafra sobre este libro de poemas. El diálogo que mantuve con él fue lo mejor de esa tarde del 25 abril.

Jose Manuel, después de ese evento, me envío esta reseña, breve pero consistente, sobre el libro de poemas. Agradezco enormemente a José Manuel su atenta lectura y su tiempo.

Gracias Jose Manuel por tus palabras que me animan a seguir en esta aventura de soledad y silencios que es el escribir. Gracias por tu amistad.

Aquí dejo constancia de este magnífico texto:

«Donde al alma ignora

Faustino Lobato

Acostumbrados a la precisión semántica y a la pulcritud formal, no solo del texto sino también del contexto editorial en el que se presentan sus obras, el último libro de Faustino Lobato, Donde el alma ignora, confirma estos rasgos esenciales de su poética, pero introduce un elemento dramático inesperado, también inesperado para él, ante el que su propia poética ha reaccionado con lucidez y humildad. La crisis de una enfermedad repentina de consecuencias imprevisibles (que afortunadamente fue superada), sumieron al autor en una noche oscura sin precedentes que supuso una fractura temporal de la esperanza, tal como un acantilado supone la fractura del suelo firme que creemos pisar y nos coloca ante un mar extrañamente silencioso.

Desde ese preciso momento, anotando las más mínimas sensaciones, los más contradictorios sentimientos, el vaivén insufrible de la incertidumbre, como él mismo ha reconocido, Faustino Lobato se adentra en un proceso de aprendizaje paradójico que no niega la ascesis espiritual ni la catarsis emocional, pero que desde el primer instante intuye el horizonte poético que le es propio, aquella experiencia de la conciencia que inaugura una forma de comprender la realidad que no está diseñada de antemano y ante la que no existen protocolos posibles.

Es desde ahí desde donde Faustino Lobato comienza a escribir Donde al alma ignora, y es desde ahí que la palabra poética acude a protegerle de otras interpretaciones. Y comenzamos a comprender que el hospital no es más que un lugar de intimidad, que el dolor físico no se encierra en el cuerpo, sino que aparece como espacio de no-saber abierto al sentido, que la imposibilidad de dar con la expresión adecuada es la que abre a lo que fray Juan de la Cruz definía como “entender no entendiendo”, donde se empieza a vislumbrar un rastro de belleza en la experiencia de la espera… Y en ese horizonte se fraguan las dos grandes revelaciones que terminan imponiéndose al alma que ignora: la sencillez y la presencia.

En efecto, tras la lectura de este excelente poemario, el lector advierte que se encuentra, más allá del humanismo cristiano que siempre ha caracterizado a su autor, ante un testimonio poético capaz de volver la mirada a lo esencial: el anhelo de recuperar la sencillez en el trato cotidiano con el mundo, única manera de resituar el paraíso en el escenario de los dolores y los afanes, y la sagrada presencia de ‘los otros’, que son los que nos hacen comprender que nuestra identidad no está encerrada en un yo sufriente o heroico, sino que nos constituye una relacionalidad amorosa que no podrá frustrar ni la noche más oscura.

Jose Manuel Martín Portales

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