CUANDO mis días se llenan de rostros,
de risas, de palabras,
que hacen crecer en mí, sin medida
la esperanza.

Cuando me siento palpitar en medio
de la ceniza del pasado,
y remiendo cicatrices que borran
la maldad del resentido.

Cuando aprieto el silencio de saberme
sobre el rostro mortecino del recuerdo
y dejo que la bondad de otros momentos
me serene y confió.

Cuando la traición es un pasado y el rencor
un sinsentido y mis manos recuperan
la huella del verbo que evita la limosna
y son amor sin medida.

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