Vuelves bajo la mirada de las lechuzas.
A la hora bruja. Nadie te impide entrar.

Como dientes de la noche
unas voces levantan la protesta.


La almohada se rinde bajo el dolor
del barro y de la carne.

En la borrachera transeúnte
la noche afila sus dientes.


El sueño detiene tu felina codicia,
y pasa la página del día primero.

[Un concierto de sonidos diminutos, pág. 66. Herákleion, Badajoz, 2013 ]

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