En estos días de tremendo confinamiento por temor al contagio del covid-19 surge una creación literaria, LETRAS DEL SUROESTE.  Una revista digital sin más pretensión que la de dar paso a los creadores fuera de egos absurdos, de narcisismos que provocan la estúpida asociación de la verdad y la mentira compitiendo en los medios bajo el auspicio falaz de los políticos.

LETRAS DEL SUROESTE, comienza con tres autores que ponen el sentimiento de lo sencillo ante la grandilocuencia de quienes se piensan los mejores. Isidro Bueno, Fidel Perera y Santiago Méndez son escritores sin reconocer, ocultos entre los ruidos de lo urbano y que bien merecen salir a la luz.  

La revista digital, tiene 45 páginas divida en tres secciones, porque tres son los autores que aparecen en ella. Cada parte contiene nueve u ocho poemas. Estos apartados llevan unos títulos que en sí son bastantes significativos:  El primero, haciendo un guiño al periodo de la gestación de los humanos, NUEVE olas en llama (pg. 6); la segunda parte hace relación a quienes en tiempos de tragedias proclaman las dificultades con descaro, Los BARDOS tristes (pg. 23); y el tercero remitiéndose al animal que observa en la oscuridad y es capaz de sobrevivir: El ojo del GATO(pg. 35).

En Nueve olas en llama, Isidro bueno, nos enfrenta con nuestras derrotas. Mirarlas es aceptarlas sin miedo y por ende crecer. Por eso las olas que arden son las del recuerdo; aquella de lo fantástico, donde los personajes de los cuentos son releídos de forma crítica dejando que su mensaje oculto nos lleve a lo esencial; la ola de lo intangible, como un fantasma; la del desgaste y efímero; la ola de lo frágil, como el cristal, lo que sucede en el invierno de nuestra vida; la de la confusión de nuestras emociones y sentimientos; la del deseo a punto de renacer en primavera; la de la muerte que termina en el regazo de lo amado.

En Los bardos tristes, Fidel Perera, nos encara con la muerte haciendo en sus primeros versos un guiño a las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique. Los poemas nos hacen pasar por lugares insignes o tristes, por emociones que la musa provoca cuando es significativamente “arroyo de luz”. Es la naturaleza de lo pasado lo que mantiene el recuerdo de lo vivido, la casa cercada por sombras. Los versos de esta segunda parte no evitan decirnos los momentos finales de algunas personas, donde la melancolía brota como el mal necesario. En realidad, el poeta de este capítulo no quiere que sus versos sean como un muro de lamentaciones sino una crítica a la vanidad de algunos poetas.

La última parte, El ojo del gato, Santiago Méndez olvida su acostumbrada prosa para adentrarnos en una lírica exquisita que revela madurez en este oficio del escribir. Los primeros versos arrancan de esa visión calderoniana de la vida como sueño para seguir con una llamada de atención previniendo de los infiernos que nos cercan, Sus versos navegan por un mar de deseos que no evita el temor y acentúa la generosidad de quien no pide nada a cambio. Sus guiños a situaciones ideales expresadas en Paraísos donde brota la abundancia, el sueño propio del nómada, del caminante. Terminará con la imagen del pez dorado, aludiendo a la victoria sobre lo ideal. Méndez nos deja con la mirada en la aceptación de lo inalcanzable, porque es así como los humanos mantenemos la ilusión de vivir.

Enhorabuena a los autores de esta revista que sale con este número cero, donde no se coloca la biografía de los autores sino el ser creador de cada uno de ellos. Mejor bio-grafía que al de sus creaciones, imposible. Felicidades y larga vida a esta palestra de lo literario.

Si quieres leerlo puedes mirar en este enlace:

https://drive.google.com/file/d/18jql-8T-E470eX-zR0WD6Acr4Binx0qy/view

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