Busco en la luz de la memoria

y te encuentro blanca, vestida de río:

Lisboa.

Recortada en la orilla rojiza

de las Docas

después de bajar

por el  vértice dorado

de la Alfama.

Las sílabas vuelan

arropando tus sombras  en la Baixa,

hasta desgranar verbos amantes

en las cuestas del Bairro Alto.

Lisboa,

verde y dorada

vertida entre colinas

hacia el océano de la tarde.

El sol deja mensajes

en la pátina manchada de azulejos,

en el beso azul

de los miradores.

Lisboa,

sabor de mar

en los ojos del recuerdo.

Volver es el gesto

que calma la sed

de esta marea de versos

que descansan

en la memoria de los días.

[ Fragmento de Tiene Lisboa sonidos de agosto]

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