Las mañanas. Una antología temática en mi obra.

He descubierto que en la mayoría de mis escritos aparece la idea de la mañana o de las mañanas como un concepto lírico que engloba un universo de emociones. Al ver esto he recogido todos los poemas o estrofas donde aparece este elemento y he comentado, de manera suscita y según mi entender, aquello que se denota en el campo lírico donde se encuentra.

Este trabajo no deja de ser, fundamentalmente, de recopilación antológica lineal de las obras, siguiendo el curso temporal de sus ediciones. Esta forma de proceder ayuda a ver, aunque no del todo, cómo y dónde sitúo la figura de la mañana en el meta-relato poético. Digo que no del todo porque muchas de estas obras se fueron gestando de otra manera no coincidente con su publicación. Este es el caso de dos obras: En el ángulo incierto del espacio que se creó antes que Notas para no esconder la luz y sin embargo se publicó después que esta última. En definitiva, el ejercicio de recopilación me ha servido para reflexionar sobre lo creado.

Comienzo a anotar desde el año 2010 con el libro Las siete vidas del gato, editado por Imcrea. El libro desarrolla el encuentro con los momentos previos a la muerte de mi padre.  La imagen de la mañana que aparece refuerza la tensión de lo provisional.

Estar de pie. Lo provisional.
Una forma de ser deshaciendo mañanas.
La luz de este domingo
protesta entre los libros. Los minutos
me engañan. Primavera de sentidos. (pág. 75)

 Más tarde, en el libro de poemas Un concierto de sonidos diminutos, editado por Heráklion (2013), donde lo cotidiano toma el protagonismo provocando la reflexión desde lo que, aparentemente, no tiene importancia. Aquí, en el primer capítulo, centrado en la figura de la mañana, en el destiempo de las horas, la temporalidad subraya el ritmo sensual del verano:

Las mañanas de verano, escenario donde los gestos se multiplican en el juego que hace saltar los cerrojos del deseo. Gestos, sonidos que solo se perciben en la geografía de la carne. las mañanas, esas mañanas tranquilas de agosto, se pegan al cuerpo como una segunda piel. la mirada, cómplice del susurro y del bullicio, desaparece en el ritual de eros. Las mañanas, estas mañanas de calor temprano, se hacen eternas. Y el solemne suspiro de los cuerpos se reconoce, entre sonidos diminutos que siguen misteriosas melodías.

(pág. 16)

Después, las mañanas. esas mañanas de verano, se despeñan en el abismo cotidiano y bullicioso. Búsqueda atonal que describe vértices anónimos en medio de espesos olores. La calle, como una página sucia, los expande sin pudor.

(pág. 24)

            En otro de los libros, El nombre secreto del agua, editado por Vitruvio (2016), con un tono más reflexivo, esencialmente metafísico, y una poética menos descriptiva, el yo lírico se cuestiona el fluir de la propia vida. Aquí, la idea de la mañana aparece como una realidad sin mácula en la que, como si fuera una hoja en blanco, todo comienza a escribirse en ese hecho del fluir de la vida. La mañana, una realidad imbricada en los deseos infinitos del ser humano:

El agua fluye y me siento río, guardián de la memoria, del mar
Y de las islas. Y en este fluir el recuerdo se abate sobre la página
en el blanco de la mañana, de esas mañanas de verano. Todo fluye.
En esta condena al repetir sensaciones siempre queridas, pocas veces
alcanzadas. Todo fluye. (pág. 17)

Todo cambia en esta inercia de la mañana primera,
se desliza el
nombre del agua por el vértice del camino,
un sendero blando
que marca el tiempo
en el cansancio de las márgenes. (pág. 42)

Estoy ahí, ante este universo que cambia
bajo ese nudo del aire que limita las orillas
de los ojos.
Un punto, donde mi alma contempla

la inmensidad de la mañana. (pág. 49)

            En el libro La sorpresa de lo humano, editado por la fundación CB/2018), un diario ante el hecho de ser padre adulto, la imagen de la mañana se convierte en una metáfora en la que los ritmos temporales se vuelven tremendamente apokatásticos.  La mañana, cada mañana, supone una sorpresa y un desvelamiento de lo humano:

Un año, para mirar de frente
en un continuo desvelarse con ritmos de mañanas. Pasos,
sonidos, una galaxia de verbos y frases que sorprenden. (pág.41)

Conozco tu rostro abierto a las mañanas
y rendido en la calma de la tarde. (pág. 61)

            En la obra Rehace el alba. Memorias de un Naufragio, editado por Vitruvio (2018), la figura de la mañana aparece como un lugar -casi físico- donde los sentidos: el olor, la vista, el gusto, el oído, realzan y agrandan su campo semántico:

Hace un momento salió el sol.
Permanece el frío. Huele a mañana,
a pan.

El desastre continúa.
Todo, tan leve.
Los dioses se empeñan en crear. (pág. 28)

ACOSTUMBRADO a las sorpresas y a contemplar desiertos,
descubro ese color de la mañana que la vida saborea.
La luz de invierno alberga cadencias de misterio. (pág. 29)

EL OLOR a café invita a entrar en los bares de la avenida. Un aire
familiar recorre la acera. El griterío de los niños pone el punto de
color a la mañana. Llueve. (pág.45)

En esta obra la mañana, como imagen lírica, sirve como cofre de los recuerdos limitando e incapacitando el efecto tremendo del dolor en el yo lirico. La mañana termina por ser el lugar espiritual de la tregua en medio de los desasosiegos.

VIVO en la certidumbre que encarna
la memoria del instante.
Los días ya no se asoman al borde del tedio
para beber
la hiel de los recuerdos.
El dolor no difumina la mañana.

La mañana me da una tregua, me entrego
a sus horas, dejo que pase este sentimiento
del vacío. Los espejos evitan la mirada.

El abrazo del ángel frena la búsqueda
de otro cielo.

Por qué dudar de la compasión. (pág. 68)

Notas para no esconder la luz, una obra editada por Olélibros (2019), se construye desde el desarrollo de un día. Así, en el arquitrabe del libro, la mañana es el primer capítulo donde ya, en su título, se señala la idea de pictórica de las presencias. La mañana, como ámbito donde la luz nos descubre la realidad y sus existencias.

El capítulo primero: Traza presencias [mañana].   (pág. 11)

La figura de la mañana deja de ser un concepto para convertirse en una realidad sentida en la raíz de la emoción ante lo que se siente.

ME duele la mañana,
la caricia del sol
en el tierno brote de la carne,
en el trueque del agua
ebria de tormentas. (pág. 23)

            Una imagen, esta de la mañana, que sin perder su esencia de lo temporal se transforma en retorica lírica:

COMO las piedras,
guardo el eco del sol,
trazos de mañana
que arden en la periferia. (pág.45)

En la obra Sin razón previa, editada por Abismos del Suroeste (2020), la mañana se convierte, una vez más, en lugar de lo provisional y transitorio. Así, con un guiño a la obra Rehacer el alba, este libro de poemas termina así:

DE pie, en medio de la mañana,
acojo olores de frontera, el viento horizontal
del asfalto que se eleva trepando por los muros
de mi alma. (pág. 93)

            En el libro diario de una situación COVID, Siete+3. La vida en un instante (2022). La mañana será un punto de llegada, un presente con ecos de deseo y futuros mejores; el espacio transformado en grito y en memoria.

Dibujas, verde y alquitrán,
el verbo
en el triángulo
de la existencia, esa voluntad
que grita mañanas. (pág. 17)

Rodrigo me abraza
y lo mejor de mí, amanece.
Su sonrisa me limpia de mentiras
la memoria de todas mis mañanas. (pág. 63)

En el libro de poemas, En el ángulo incierto del espacio, editado por la Diputación provincial de Badajoz (2021), la mañana adquiere la realidad conceptual que le es propia en medio de los ruidos y grises del otoño. Es la imagen que se implanta en el contexto semántico de los espacios-lugares para recrear el poema; se transforma en verso, en poema donde reescribir y metamorfosear los espacios físicos.

CÓMO administrar esta mañana con ruidos,
voces inoportunas
que suenan huecas
entre las rotondas atascadas
y el sudor transeúnte.

Cómo ordenar esta mañana de junio,
que avanza, como una manada de elefantes. (pág. 21)

BULLEN los versos
aclarando el gris de la mañana.
Las palabras se recomponen
dando color a los espacios.

Y habrá un poema cosido a la mañana,
unos versos que perdonen
la insolencia de los ruidos. (pág. 23)

PEGADA a la umbría de la calle
la mañana presagia instantes inciertos.

Camino… (pág.25)

HOY vuelvo a la costumbre y no soy nadie.
Te encuentro donde no te soñaba,
en el dolor de las nubes que respiran
el importante verso de la mañana. (pág. 39)

El amanecer zigzaguea
por las paredes.
Solo me queda la mañana
y el silencio.

Enfrente descubro la herida del mar. (pág. 51)

LO inundas todo. Estás
en el puro reflejo de las cosas
en la escritura de la mañana,
como una diosa temida
que no admite presencias. (pág. 71)

            Pronto aparecerá, editado por Olé libros,  En el alfabeto del tiempo. Un libro de poemas que, junto con Notas para no esconder la luz y En el ángulo incierto del espacio, forma la trilogía de las emociones. Bien, aquí, en este libro todavía inédito, hay un poema que sirve para explanar el estado del yo literario, y apuntalar el silencio. Y todo esto,  en un marco poético donde el devenir y los sentidos toman protagonismo con el eco del genocidio judío, una realidad que el ser humano no debe olvidar. La mañana es la imagen de todas las mañanas en la memoria de lo siempre presente:

HAY mañanas
que permanezco en silencio
y descubro ese ritmo de acuarela
que tienen algunos instantes.

Sí, algunas mañanas tienen
la luz tranquila que enamora,
sorprende,
como los violines de la banda sonora
en La lista Schindler.

Hay mañanas de domingo
que habría que dejarlas ir
siguiendo la corriente de este río que miro.
Así de sencillo.

Sí, mañanas que saborean
el débil abrazo de la brisa,
la caricia del agua,
Itzhak Perlman
apaciguando el dolor.

Hay mañanas
de domingo, con aroma a cielo,
con húmedos ruidos
y ganas de seguir.

Sí, mañanas
en las que destrozaría los monstruos
que quiebran el horizonte.
John Williams
ante el drama judío.

Hay mañanas
que agradezco estar vivo
sintiendo el regalo de las cosas,
la bondad de una sonrisa.

Hay mañanas. (pág. 53)

Las mañanas se suceden con su propia monotonía.

Nota final:

La imagen de la mañana no ha dejado de aparecer en otros libros INÉDITOS que aguardan su momento de madurez literaria.

En AHÍ EL MAR, (Registro de la Propiedad Intelectual.425-721204), la mañana será el ámbito cierto donde las emociones se suceden de manera radical.

EN la mañana,
los ruidos me acercan al afán transeúnte
de historias cruzadas,
de abandonos,
de alegrías.

Avanza gris,           
la mañana,
con esa lentitud de las horas
que perdona las torpezas.

Avanza         la mañana,
como la vida…,
con esa gratuidad de lo distinto
que nos hace
terriblemente humanos.

(pág. ¿?)

En el centro de este tul
de la mañana,
el silencio.

(pág. ¿?)

Abajo, en las orillas, el graznar de las ocas
quiebran el aire. Mil voces
se unen al coro de la mañana.

(pág. ¿?)

En URGENCIAS. Donde el alma ignora. (Registro de la Propiedad Intelectual. 765-901307), un libro que traza los efectos de la catarsis de estar hospitalizado. Una mirada a lo más profundo del ser donde la vida cobra otro sentido. Aquí, la imagen de las mañanas son la puerta abierta para descubrir lo otro, a los próximos, y el misterio que todo esto contiene.

HAY mañanas que el otro es
alguien más que un buenos día,
es esa parte de ti que refleja
o que no quieres,

la naturaleza al revés,
la queja
que no deseas expresar.

Porque hay mañanas

que el otro tiene rostro de albañil,
reparando las aceras;
de cartero, llamando a los portales;
de cajera, en el supermercado,
con mirada en el vacío.

Hay mañanas
que regalan un encuentro
con los otros y sus historias;
con el transeúnte, que te cruzas por la calle;
con el vecino, que cierra el portal sin saludarte.

Y el universo sigue,
como si nada ocurriera,
con un movimiento continuo
en su eje secreto.

El universo.

(pág. ¿?)

            La imagen de la mañana, como otra de las tantas figuras liricas que conforman el material de mi creación personal, viene a ser clave en el arranque de la reflexión más personal, es la metáfora perfecta del renacer, donde el misterio se desvela y el silencio se vuelve provocador.

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