CÓMO no comprender la verdad que brota en lo profundo de ti al mirar otro horizonte. La verdad de las palabras, la de los gestos, la que vive bajo tu piel y entiende de caricias.
Cómo no descifrar el lenguaje del misterio, de la luz y la noche y sentir la emoción del verso, la sangre del poema. El lenguaje de lo sencillo que habita en el centro de ti y te hace crecer.
Cómo no vivir más allá del cronos y la frágil huella del pasado, cómo no aceptar la endeble realidad que nos mantiene humanos. Tu humanidad sin prisas, la existencia cierta a pesar de los obstáculos.
Cómo no abrazar el sueño, el calor de la palabra en el extremo de la luz. Una oración abierta al infinito que calma la inquietud del tránsito. Ese ritual que solo tú sabes celebrar en cada momento.