Hace tiempo que visito los templos cristianos por la belleza que contienen sus estructuras. En mi hay una intencionalidad estética más que religiosa. Me admiran las formas que estos han ido tomando a lo largo de los siglos. En los edificios se observa impresa cada época, sus formas narran lo más existencial de ellas o mejor dicho, aquello que, idealmente, desean los hombres. Así, en la estructura del románico, se ve una manera de invitar al silencio en medio de tanto fanatismo y superstición; el gótico, muestra una mirada a lo trascendente por encima de las ansias de poder del hombre, considerado éste como centro de todo; el barroco, con sus formas grandilocuentes, habla de la contestación al opositor doctrinal en medio de una guerra de confesiones.

OVIEDO,


LA CATEDRAL DE LEÓN


COVADONGA. LA SANTINA
Este verano he visitado, con mi familia, muchos edificios religiosos por Asturias. Como siempre, he admirando esas formas arquitectónicas de los templos. Ante ellos he intentado leer el mensaje de sus piedras y sus pinturas. Entre otros lugares, visitamos Covadonga.
En Covadonga, fuimos a la gruta de la «Santina«. Cómo no visitar el corazón del lugar. En la cueva todos musitaban oraciones. Ante ese panorama, Rodrigo me preguntó qué estaban haciendo y le dije que rezar. Y qué es rezar, dijo.Después de explicarle, brevemente, qué era ese gesto de oración comencé a susurrarle el Padrenuestro. Le pedí que repitiera conmigo cada frase: «Padre nuestro que estás en el cielo…» Mi hijo repetía cada frase, balbuceando palabras, para él con poco sentido.
Al finalizar, Rodrigo me miró y con sus ojos me expreso satisfacción. No comentó nada. Creo que para él fue una experiencia extraordinaria. Un niño que no sabe de prácticas religiosas, porque nosotros no practicamos, poco puede decir. No nos opondremos si un día pide practicar cualquier religión.

GUARDAR SILENCIO. EL PADRENUESTRO.
Me gustó ese guardar silencio en la gruta de Covadonga. El silencio es la forma elocuente del respeto ante lo religioso. Después de orar solo hay silencio. Y el Padrenuestro, que recité con mi hijo, tiene mucho silencio entre sus palabras, quiero decir, muchos motivos para reflexionar. Esta oración habla de alguien que está en el cielo, que es un misterio, y al que le pedimos que venga su reino, un cambio de situación. El texto expresa, más allá del creer o no en Dios, la demanda de todos los hombres de buena voluntad. Así es, el contenido del Padrenuestro, desciende a las cosas sencillas, a la experiencia cotidiana: Al alimento material, al pan de cada día; al perdón de las ofensas, a la generosidad de abrir los brazos al otro, rompiendo el malestar del rencor.
El Padrenuestro, más que una petición, es el alegato sincero de la bondad, de lo bueno, alejándonos de lo malo que empequeñece al hombre. El padrenuestro es la forma universal y sencilla de unir lo trascendente y lo inmanente; lo que está lejos y lo cercano. Es una oración que no entiende de creer o no; entiende de humanidad abierta, de cambio radical de actitud.
Ojalá y algunos cristianos al rezar el Padrenuestro se olvidarán de sus egos y entraran en esa dimensión del nosotros que la propia expresión contiene. Hay que tener en cuenta que el Padrenuestro es la oración sencilla que Jesús enseñó a los que le seguían. Jesús, ese «hombre bueno que pasó por la tierra haciendo el bien».