La noche del día 3 de diciembre (2025) me esperaban en Almendralejo, mi pueblo de origen, para leer un resumen del prologo que había escrito para la Revista Literaria la Metáfora de la Asociación Cultural La Ventana. Pero la vida te da reveses y este fue una contractura en la espalda que , en principio, no le di importancia pero que luego me persiguió con dolor todo el fin de semana, hasta la intervención del fisio y con un Urbasón inyectado en la nalga. Esta es la vida, a veces triste, que hay que afrontar sin quejarse.
Se presentaba la Revista Literaria en el marco del Otoño/ Invierno Literario. El evento se celebró en el complejo Cultural San Antonio- La sala del acto estaba repleta, con más de ochenta personas. Rosa Zamoro, secretaria de la Asociación leyó parte del prólogo. (Más abajo os dejo un resumen de él)

Mis hermanos, que estuvieron en el acto, me han contado maravillas de él y de cómo superaron la frustración de no verme escuchando palabras de acogida y valoración sobre mi persona y mis letras.

Una de mis hermanas, Toni, recogió una placa que la AC La Ventana me regalaba.



Quiero agradecer a Paco (Francisco Javier) Silva, presidente de la Asociación y a Rosa Zamoro, secretaria de la misma el haberme invitado a prologar los trabajos de los asociados, y especialmente agradezco a Loli Galeano su labor como “introductora de embajadores” poniendo sobre la mesa mi nombre para esta actividad tan gratificante para mi. Un honor el haber podido colaborar con esta Asociación Cultural de Almendralejo, mi pueblo, que me vió crecer.

Amenizó el acto el grupo Ad Adatras, un cuarteto compuesto por dos chicos y dos chicas jóvenes que me hubiera gustado escuchar en directo- Lo poco que escuché del audio que mi hermano me envió me encantó.




RESUMEN DEL PROLOGO DE LA REVISTA LA METÁFORA
Agradezco a la Asociación Cultural Ventana Literaria de Almendralejo el encargo de este prólogo. Es la primera vez que, en mis veinticinco años como escritor, se me invita a participar en una realidad cultural como esta. Lo agradezco, sí, porque a través de este escrito me he acercado de puntillas a una de las realidades culturales más relevantes del pueblo “que me vio nacer y crecer”.
Escribir el prólogo de la revista La Metáfora me ha enfrentado a muchas emociones y a la búsqueda de lo mejor. Me ha obligado a subrayar aquello que es importante para los escritores y escritoras de la REVISTA, aquellos elementos que le han hecho crecer desde la incertidumbre y la confusión, desde la extrañeza y el silencio, desde la soledad y la alegría.
Editar una revista durante tantos años supone un proceso de preparación para su publicación. Es decir, no la exime de revisar, adaptar y organizar los textos, así como de maquetar y diseñar el contenido.
Me gustaría reflexionar sobre tres elementos que están en el contexto más inmediato de la Asociación y por ende de la Revista:
1) Los nombres que le dan significado;
2) La creación, como su elemento raíz;
3) Y los espacios desde donde surgen.
1 los nombres que le dan significado
La imagen de la ventana parece ser que surgió del dibujo de uno de los asociados. Excelente opción, profunda y lírica, porque lleva a la consideración de cómo el grupo contempla la realidad exterior. Con esta imagen se está simbolizando las experiencias del grupo, dando a entender los objetivos más importantes de observar, explorar, relatar o poetizar abriéndose a los cambios de la imaginación.
la imagen de La metáfora, que parece ser fue discutida por el grupo, lleva a pensar en la revista como una herramienta. Si la metáfora es la manera figurada, retórica, de explicar algo complejo la revista, por su parte, muestra las realidades creativas, que se explanan en ella, haciéndolas cercanas, entendibles.
2) La creación, como su elemento raíz
La revista, La metáfora, que tienes en tus manos es como una caja donde puedes encontrar todo un arsenal literario donde se mezclan poemas y relatos. como las cajas de costura de nuestras madres donde siempre encontrabas lo que buscabas. La importancia de la revista no está en la racionalidad sino en la emoción de los pequeños tesoros que allí se depositan. En esta miscelánea anual se concentran miradas, silencios, soledades en cada uno de sus poemas y relatos.
Qué es el hecho de crear, en estos niveles de la literatura, sino esto que hace el grupo de La Ventana: poner en valor la realidad existencial de lo mediato, lo más íntimo que emociona. Los trabajos que se vierten en ella, hablan con claridad de lo que el grupo es, su visión del mundo desde lo bello. Cada uno de los que contribuyen en la Revista con formas estéticas trazan, sin pretenderlo, maneras de vivir más allá de normas al uso.
3) No sería justo si no mirásemos el espacio, el lugar donde este grupo surge y se mantiene.
Tengo en cuenta no solo el espacio físico sino también el cultural y social.
En el espacio físico aparece una realidad que imprime carácter su tierra, una tierra fértil de viñedos y olivos. Una tierra de secano donde brota todo lo que se siembra. Dicho esto, un grupo literario que nace en medio de viñedos y olivos, donde la generosidad y el esfuerzo son protagonistas, no puede por menos que mostrar lo excelente.
En el espacio el cultural, no se puede soslayar que Almendralejo es el lugar donde nacieron autores insignes del romanticismo, como Carolina Coronado y Espronceda, Este hecho tiene mucha relevancia para un grupo de creación y discusión, como la Asociación Cultural Ventana Literaria.
El espacio social, se manifiesta en la revista en los trabajos que aparecen, anualmente, poniendo de relieve las costumbres y valores del pueblo. Los títulos nos dan idea del universo en el que la Asociación se mueve, sus relaciones con el entorno y sus sentimientos sociales; su pensamiento y el mundo interior que la hace vibrar. Esto es “almendralejear”, como dice Juan Diego Díaz Benítez, en el número 21 de la revista.
Reitero mi agradecimiento a la Asociación Cultural La Ventana por estar esta tarde aquí. A través de este prólogo me he acercado de puntillas a una de las realidades culturales más relevantes del pueblo “que me vio nacer y crecer”.
Soy de Almendralejo y no puedo olvidar, aunque quisiera, el agrio olor de las bodegas durante la vendimia de muchos otoños; ni el frio seco del invierno aliviado por el calor de un brasero de picón, antes de que las estufas tomaran su lugar. No, no puedo borrar de la memoria la visión del color blanco y amarillo de las piedras de San Marco en cada primavera. Todavía está, como un sello en mi piel, el tacto húmedo de las paredes recién encaladas de la casa de mis padres preludiando las fiestas; todavía guardo, en lo más profundo, el susurro al hablar, de mi madre y mi abuela, mientras cosían a la sombra de la parra del patio de casa, sorteando el calor de los agostos.
Aquí, en este pueblo, musité las primeras palabras y esbocé mis primeros escritos. Cómo soslayar que fue en Almendralejo donde, por primera vez, leí a Miguel Hernández y a Machado. Nunca se deja de pertenecer a un lugar, aunque sean otros territorios los que también te habiten.
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