Esta fue mi colaboración en la Antología Plural II. Antología de la Tertulia Página 72
I
LA MIRADA desvela, generosa,
el color secreto del mar,
la levedad del horizonte
donde el cielo se hunde,
misterio azul, lleno de brisa.
Temblor de olas que contemplo,
golpe blando que se rompe en la playa.
Un temblor, que no miedo,
me acerca a tu mirada
y rompe la angustia de la soledad.
Esta mirada al mar que me abre
a todas las miradas,
a la emoción de lo infinito,
a la existencia de lo mínimo y me consuela,
al silencio de las horas.
II
SONIDO del mar, verso de olas
que inunda la tarde y te nombra.
Grita la arena su humedad de tragedias,
voces anónimas, ahogadas
en el fragor de las aguas.
Sonido del mar que quiebra
ruidos de guerras
y trae el canto de los pueblos,
la oración de los pobres,
un rito inacabado.
Sonido del mar, un poema de olas
que marca el ritmo de las palabras,
los cansancios, el miedo de madres
que ven partir a sus hijos,
el llanto de los huérfanos.
Sonido del mar, donde te oigo,
verbo creador, pronunciando
el ideal inalcanzable de paraísos lejanos.
El ronco suspiro de los jóvenes
abandonados en aguas de nadie.
III
UN OLOR a mar se enreda
en las barcas de la orilla
y me devuelve al recuerdo
de las cosas mínimas,
esas que permanecen
en el centro de la memoria.
Perfume de vocales
que impregnan el poema
y te nombran.
Las vocales
que conforman las palabras
y trazan sencillos versos.
Olor a mar, este perfume
que no puedo esquivar y me desnuda.
Un trazo que se quiebra
y brota, frágil, donde te encuentro.
Estás, siempre estás, dándome fuerza
y no lo evito.
IV
CARICIA de olas,
juego del mar que besa la playa
y arrastra la luz por la piel del verso.
La materia se abre
al abrazo del agua
y el espíritu guarda silencio.
Caricia líquida, ternura materna,
que me acerca al verbo creador.
Un ir y venir festivo del agua.
Me disuelvo en su oleaje,
nada me pertenece.
Caricia del mar que resbala
por la espina dorsal del poema,
me envuelve,
devolviendo a la carne
el placer de lo humano.
Mágico roce de espumas,
un sagrado ungüento
que se pega a la carne,
penetra en los huesos,
calmando la angustia de Ulises.
V
EL SABOR amargo del aire
impregna el alma hasta dolerme.
Un agridulce me despierta
ante la infinitud del mar.
Momento eterno que dibuja
silente, el gesto y el deseo
en los bordes de la palabra
que pronuncia tu nombre.
Sabor que dibuja
la geografía de tu carne,
el contorno de olas
que rompen en tus manos.
Sentir la piel del mar,
el gusto de la vida
el centro de la caricia
que nos perdona.
Sabor de la memoria
que los versos quieren describir
pero no pueden,
tan solo susurran mareas
en el frágil límite de la existencia.
