En diez segundos cabe la fuerza de una ola
rompiendo en las rocas de la playa.
Después, el rugido del mar arañando el silencio.

Una mirada, la fuerza de una mirada,
es un segundo en los ojos de Rodrigo.
Solo sus ojos me lo dicen todo;
mantener, un instante, su mirada
me alegra la existencia.

Tiemblo ante su mirada,
me abandono a su magia.

Una palabra, la fuerza de una palabra,
cabe en un segundo en la boca de mi hijo.
Solo oírle decir –te quiero-
mueve la montaña en la que estoy
y me acerca a la fe cierta.

Todas las palabras sobran,
estas dos calma mis miserias

Un abrazo, la fuerza de sus manos,cabe en un segundo; unos segundos en los brazos de quién me mira y me quiere. Solo sentir el calor de su impulso me devuelven las ganas de luchar.

Tener esta certeza amante
rompe las fronteras
y deshace los miedos.

En esta roca de mi alma al revés
rompen, en segundos, la fuerza
de muchas miradas,
de algunas palabras,
de otros abrazos.
Solo mi hijo, solo él, me mantiene
en la realidad del presente,
la cruda existencia que,
en un segundo, puedes perder;
que en un segundo puedes sentir,
con confianza.

Cuatro días, cuatro días manteniendo la fuerza
que cabe en un segundo,
que parece un infinito.
Un segundo para mirar y mantener el norte
y, con amor, contemplar  en silencio.

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