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La luz se esconde en el Alentejo
después de besar el mar del norte.
Un rastro de luz impregna
las plantas del balcón.
Una huella frágil, pasajera, 
dócil a la llamada de la tarde.


Huele a tierra mojada,
la avenida se calma
del fragor del día. Atardece.
Tú estás llenando los rincones
de la casa. Una mezcla de luz y deseo
que resbala por este sur
de carne y recuerdos.

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