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Atardece. Se prolonga la mirada
en este punto leve de la luz. 
La quietud da forma 
al gesto mecánico de las horas.

La armonía envuelve los cuerpos
dejando la palabra
suspendida en el silencio.
Todo cobra color sin medida.

Y el mar, en calma.

La tarde se ha vuelto lenta.
Por ella transcurre, suave,
las luces y el recuerdo.
Fluye la vida, sin más.
Todo está en calma.

Miro al norte, 
con el afán de desandar la luz
para deletrea tu nombre
y fundirlo con la noche.

Este mar, siempre en calma.

Me despojo de lo inútil 
pero no de los sueños.
Y al despojarme
siento el mar y su caricia. 

¿Quién me traerá tu risa,
la bondad de tu palabra, 
el roce frágil de tu piel?
¿Quién me hablará de ti?

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