Es difícil escribir las experiencias tenidas con los amigos, sobre todo cuando la amistad es sincera y requiere mantener el solemne silencio de las vivencias íntimas. Sin embargo no quiero dejar de, al menos, poner un texto a estas fotos vividas con Mari y Antonio en Portugal, este sábado 6 de junio de 2026.
Nos levantamos temprano para salir con tiempo hacia la Rabaza española, más allá de La Codosera (Badajoz). Allí nos recogieron Mari y Antonio Castro, nuestros amigos. Nos adentramos en Portugal en dirección a la cascada de San Julián (Cascata de São Julião). Una zona que pertenece al Parque natural de la sierra de São Mamede , cerca de Portalegre y Marwão. Un lugar mágico, boscoso y rocoso. Una quebrada por la que descendimos hasta las pozas, piscinas naturales, del río Gévora (Xévora).
El descenso tuvo sus peculiaridades. Estar atentos a un terreno pizarroso y resbaladizo.
Después de esta excursión, un safari en el corazón de la sierra de San Mamede, nos dirigimos hacia un lugar donde está un Pino/Antena de telefonía móvil. Esta antena está camuflada para evitar el impacto visual en el paraje natural.
Cuando terminamos hacia la hora del almuerzo nos volvimos para la zona de la Rabaza española donde nuestros amigos tienen sus casa.
El almuerzo fue extraordinario. Una barbacoa en la que la generosidad del vino no faltó. Luego, continuamos con la conversación, la charla que nutre la complicidad ante la vida. Es más que una suerte tener amigos como Mari y Antonio, pura bondad, generosidad en grado superlativo.


















Qué decir cuando los gestos
superan a las palabras.
Basta guardar silencio,
contemplar el momento,
esa bondad de lo finito
que nos acerca a lo eterno.
Descender por las quebradas
del alma, a las profundidades
del río interior que fluye
entre obstáculos y torpezas.
Dejar que la carne se vuelva
paisaje donde la vida es certeza.
Qué decir cuando el amor es casa,
habitáculo seguro …
