Nunca sabes lo que puedes llegar a dar.
Un día aparece la dificultad
en el quicio de tu puerta, y
verso a verso, te
enseña el camino a seguir.

De pronto, con sorpresa
empiezas a ver señales.

Ahí tienes el mar, un signo
brillando en tu retina y sin más
recoges la experiencia, esa
inmensa gracia de seguir vivo, como
la verdad silente de estos días.

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