Faltan tres días para abrazarte,
me dijiste mirando mis manos.
Para dejarme el perfume de la caricia
faltan tres días, sólo tres. Sí.
Después, hiciste silencio
rendido en la certeza.


Tres largos días para seguir
entre torpeza y silencios,
entre gritos y sonrisas.
Huele a mediodía,
la luz se cuela
entre lápices y libretas.

Mantener la existencia
sin mirar hacia atrás,
con el impulso de la savia
que hace brotar lo nuevo,
Vivir
es lo que importa.


Faltan tres días para terminar el destierro,
este aparheid que nos hiere,
para recomponer la vital
y aburrida costumbre,
lo cotidiano,
el milagro de la existencia.

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