Cuando el día se tiñe de pequeñas tragedias
y los gestos de siempre se vuelven insoportables.
Cuando la apatía impide pensar
y las emociones se transforman
en  tormenta.
Qué hacer en medio del naufragio. 

Amar, como si fuera lo último
un segundo antes de morir.
Aunque el egoísmo aflore
apagando la luz.

Cuando la lucha es un camino en el desierto
y nada consuela.
Cuando los mensajes niegan los absolutos
y te descubres en la burbuja de lo relativo,
en un estar sin estar en mí. Cómo hacer
ante el huracán de las contrariedades.

Confiar, como el naufrago
agarrado a un pecio en medio del mar.
Aunque la desconfianza se anude
en el centro del alma.

Cuando la realidad se vuelve nublado
y mirarte en el espejo es encontrar
la cara oculta de la luna
y todo se vuelve arista.
Cuando el miedo te impide gritar,
cómo hacer para no asfixiarte.

Esperar, como el que mira las nubes
junto a lo sembrado,
aunque la impaciencia frene
el impulso de hacer lo mejor.

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