Miro el paisaje de tu nombre,
cuánto norte en tus ojos,
cuánto amor de mediodía.
Y el eco de tu voz
trazando otoños.

Recorro las sílabas atlánticas
de tus sacras aguas
que arrastran el dolor
de muchos días
y la sonrisa de la noche.

Duele
saberte lejos de este río
borracho de verde y grises.

Duele tu ausencia. El vacío, duele.
Consuela la bondad de tus palabras. 

Los versos me acercan a un jardín
donde contemplo
tu sueño.
Imposible no amar tu risa
despejando inviernos.

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