Diez motivos para creer y no es un decálogo.

CREO en el ser humano
a pesar de la maldad
que anida en lo profundo de él;
en su inocencia
a punto de despertar
al saber de las cosas;
en su bondad no-narcisista
capaz
de perdonar lo peor.

Creo en la utopía,
escrita en el alma humana
que empuja a lo excelente
más allá de la mezquindad egoísta
que inventa conflictos

Creo en los gestos
que preceden a las palabras;
en la palabra sincera que,
como fuego,
despeja la mentira;
y en el silencio oportuno
que aquieta la razón.

Creo en este barro del que estoy hecho
y desde donde crezco;
en la fragilidad que me despierta
a la fortaleza
en medio de las contradicciones.

Creo en la valentía de empezar desde cero
por encima de los engaños,
las pérdidas y el infierno
de algunos momentos.

Creo firmemente en la carrera
que me ha tocado vivir
donde siempre gano
al aceptar perder.

Creo en el ser que no aspira
más que a lo humano,
a ese misterio
envuelto de paradojas
donde cohabitan las torpezas y los aciertos,
la oscuridad y la luz.

Creo en lo imperfecto y finito
que moldea este cuerpo
de «dios menor»
del que estoy hecho.

Creo que soy más amante
que héroe
y aprendo
del fracaso asumido.

Creo en mí
y ya es bastante.

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