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                I

Bajo el infierno de Helios,
la babel rompe
el sonido de las olas.

Una mezcla de azul y arena
invade el litoral.
La vida se ralentiza, 
como una lombriz sin norte.

               II

Evitas el sol, giras entre paralelas y sombras.

Los ruidos de la calle se funden
con el sonido de las campanas.
Canta el bronce las palabras del tiempo.

Liturgia de la mañana 
que pregona la flama
de un veintitrés de junio.

Una gaviota pasa.
rasga la luz con su chillido.

Por los tejados del templo
se desliza el misterio.

Esclava de la belleza
la vista gravita
entre azulejos y formas.

Dentro, Dios es un silencio.

III

Mi hijo tiene
arena en el pelo,
en sus ojos nace
un mundo infinito de algas.

Construye
castillos de arena.
Sueña  con monstruos
que invaden la playa.
Mi hijo.

Espanta gaviotas
arañando la brisa.
En la inocencia de las olas
hunde sus manos.
Mi hijo.

En su piel el mar,
un gesto inacabado que preludia calma..

IV

[ Después de beber moscatel] la
BOTELLA

Transparente en su centro,
alma de cristal,
que me enamora.

Redonda en su materia,
cuerpo frágil
que abrazo

Brillante en su contorno,
espeja los sueños
que deseo.

Fresca en su caudal,
recuerda la abundancia
que anhelo.

Vacía en su interior,
tiembla desnuda mientras danzo.

( cuánto otoño contenido, cuánta música…)

(La casa de los balcones Chipiona, 2024)

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